Lo que de verdad cuesta el olor a mascota nunca fue el olor. Fue el agobio cuando suena el timbre. Las ventanas abiertas de par en par antes de que lleguen las visitas. Las habitaciones a las que, sin decir nada, dejaste de invitar a pasar.
El miedo a haberte acostumbrado al olor y que todos lo noten menos tú.
La pistola está pensada para acabar con eso.
Repasa una vez los sitios donde más huele y vuelve a entrar sabiendo, de verdad, que tu casa huele como esperabas. Sin dudas. Sin encender una vela cuarenta minutos antes de que llegue nadie.
Parece un aparato sencillo. Pero es lo que te deja volver a invitar a gente a casa.